Biografía de Enrique Jardiel Poncela

Biografía de Enrique Jardiel Poncela

Enrique Jardiel Poncela (Madrid15 de octubre de 1901, Madrid 18 de febrero de 1952) fue un escritor y dramaturgo español. Su obra, relacionada con el teatro del absurdo, se alejó del humor tradicional acercándose a otro más intelectual e ilógico, rompiendo así con la forma imperante en el teatro español de la época. Esto le supuso ser atacado por una gran parte de la crítica de su tiempo, ya que su humor hería los sentimientos más sensibles y abría un abanico de posibilidades cómicas que no siempre eran bien entendidas. A esto hay que sumar sus posteriores problemas con la censura franquista. Sin embargo, el paso de los años no ha hecho sino acrecentar su figura y sus obras siguen representándose en la actualidad, habiéndose rodado además numerosas películas basadas en ellas. Fallece arruinado y abandonado por muchos de sus amigos, el 18 de febrero de 1952 a la temprana edad de 50 años. En su nicho figura como epitafio una frase suya: «Si queréis los mayores elogios, moríos».

Una anécdota  de Jardiel Poncela, en relación con el final de una de sus obras: “Las siete vidas del gato”.

Se escuchaba un tiro y uno de los personajes de una habitación muy concurrida caía al suelo, herido por la bala. La concurrencia del estreno, instantáneamente, comenzó a silbar y a patear. Evidentemente, no quería que su humor festivo se viese empañado por un elemento dramático.
–¿Qué está pasando aquí? –se preguntaba el empresario, sin entender nada de todo aquello–. Han estado celebrando, riendo y aplaudiendo toda la obra y al final, esto.
–Pasa –aclaró Jardiel– que la gente no quiere sufrir.
–¡Pero esto significa un fracaso! Un pateo al final de la obra provoca la impresión de que la obra no ha gustado en absoluto. Tienes que hacer algo –le apremió–. Tienes que eliminar el tiro, para evitarnos problemas.
–No se puede eliminar –respondió el autor–. Es un elemento esencial en el argumento de la obra. Ese personaje debe morir y no hay otra manera de hacerlo.
–Pero, si no lo cambias, vamos a la ruina. ¡La obra será un fracaso!
Jardiel se echó a reír.
–En absoluto –aseguró–. Verás cómo lo arreglo fácilmente.
–Tendrás que escribir la escena de otra forma, meter chistes, justificar cosas, algo…
–No tendré que añadir ni una sola palabra al texto.
–¿Qué dices?
–Ya lo verás: confía en mí.
Al día siguiente, Jardiel dio una sencilla instrucción a los actores.
En la escena cumbre de la obra sonó el tiro de rigor.
Y no uno, sino todos los personajes que se hallaban en escena en el momento del clímax –unos veinte– cayeron al suelo. El público prorrumpió en carcajadas al ver que todos creían haber sido alcanzados por el disparo.
Y luego, ¡naturalmente!, sólo se levantaron diecinueve.
Las risas continuaron, el éxito no se vio empañado por nada y el personaje que tenía que morir, moría, como era su obligación.

blog981

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